viernes, 20 de enero de 2012

Mi día de suerte.

   Nos subimos en el autobús del instituto de vuelta a casa. Manu, nuestro conductor, nos dijo (como siempre) que nos pusiésemos el cinturón, que ya íbamos a arrancar. Bah, menuda payasada, ¿quién iba a ponerse el cinturón de seguridad, si del instituto a casa no había más de cinco kilómetros?  Además, hoy era mi día de suerte, no podía pasarme nada malo, era Viernes y encima, ¡había recuperado Matemáticas! ¡Dios mío, si yo de ciencias no tengo ni idea! Sería casualidad, ya os dije que hoy era mi día de suerte.
   Ya estábamos llegando, cuando de repente, Manu se vio obligado a dar un frenazo inesperado, todos nos fuimos hacia adelante, nos golpeamos la cabeza y el autobús quedó encajado entre dos camiones. Los más pequeños lloraban y los pocos que quedábamos conscientes intentábamos calmarles, pero era imposible. Algunos no paraban de sangrar y otros habían quedado atrapados entre los asientos y cuerpos de los demás.
    De repente, entre el tráfico que la colisión había provocado en la carretera, otro conductor perdió el control de su autobús e impactó contra el nuestro.
    El choque fue mortal.
    Las ambulancias se amontonaban.
    Aquella era la escena más macabra que os habéis podido imaginar, los cadáveres estaban esparcidos por todo el autobús. La gente se llevaba las manos a la cabeza, era horrible, NADIE había logrado sobrevivir.
   
    Pero, entonces, ¿cómo os estoy contando yo esto?


                                                                                                                        SARA

1 comentario:

  1. Sara:
    Tienes una envidiable imaginación, los relatos un poco macabros pero los describes de una forma que introduces al lector dentro de la escena.
    Eso de "entonces ¿como yo estoy contando yo esto?" quedó muy logrado, cada uno que interprete a su manera lo que quiso decir la narradora; de todas formas te recomiendo que te pongas siempre el cinturón.
    !!Lo que daría yo por tener una nieta como tú¡¡

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